9 de agosto de 2014

Con todo mi odio


Maldigo la tierra que pisas. Maldigo los rayos de sol que te iluminan. Maldigo la brisa marina que refresca tus noches. Por maldecir, maldigo hasta el aire que respiras. Por haberme herido, sin yo haberte hecho nada.

Que todas las lágrimas que he llorado se claven en tu piel como cuchillos afilados. Que mis gemidos de dolor se conviertan en el único sonido que escuches. Que todos y cada uno de los latidos de mi corazón te hagan entender que solo apareciste para causarme dolor.

¿Aún no es suficiente? Bien, pues deseo que tus labios sepan a bilis. Que tu piel sea fría y cortante como un cristal roto. Que tu corazón no sea más que una sombra de lo que tú hiciste conmigo. Así, te condeno a ser esclavo de tu propia soledad. Por tocar lo que no es tuyo, sin pensar que ya había una razón detrás de esa sonrisa que has matado con tus mentiras.

Que tu vida sea larga, pues mi castigo es demasiado benévolo para lo que has hecho. Tal vez, cuando mueras, Satán se apiade de ti. Pero no cuentes con ello, pues el Infierno está lleno de violentos y mentirosos.

30 de julio de 2014

Sephiroth's Inferno - Noveno círculo

/!\ ADVERTENCIA /!\

Este relato es un protoproyecto de un escrito que estoy trabajando ahora mismo. Es posible que encuentres (o no) similitudes con el resultado final.

Nadie me prometió un viaje fácil. De hecho, yo ni siquiera lo escogí. Simplemente forma parte de mi destino como buscador de la tierra prometida que soy.


He visto cosas que jamás habría creído que existían. Juraría que en más de una ocasión he visto el rostro de Azrael, como si quisiera mi compañía. No es de extrañar, pues he mantenido innumerables duelos contra toda clase de monstruos infernales.

Sin embargo, he conseguido llegar hasta el final.

Este lugar está puramente formado por hielo. Adonde quiera que mire, lo único que puedo identificar son vastas zonas blancas ligeramente moteadas. Sospecho que esas motas en realidad son los condenados que han de permanecer aquí eternamente.

Después de atravesar la entrada, férreamente custodiada por varios gigantes, me dispongo a avanzar con el deseo de finalizar, al fin, esta aventura. Pero lo que me espera no es nada halagüeño, pues soy recibido por una impetuosa y gélida tempestad, que consigue zarandear sin ningún esfuerzo tanto mi larga capa negra como mi melena plateada. Por si aún no fuera suficiente, a veces se escucha un rugido lejano, como si viniera del centro de este lugar. ¿O tal vez es un lloriqueo?

Dirijo mi mirada al lugar donde creo que se produce tal sonido, y entonces descubro que lo único que me separa de terminar mi epopeya es un largo puente helado, que pasa justo por encima de aquellos que se ganaron el permanecer castigados aquí.

Sin ser realmente consciente de ello, comienzo a dirigir mis pies hacia la causa de toda esta historia. O, al menos, una de sus razones. A pesar de todo, aún hay una pregunta que no consigo responder: ¿por qué yo?

Yo no soy aquel cruzado que atravesó estos mismos círculos buscando a su amada. Yo no llevo una guadaña arrebatada a la Muerte ni la cruz de Beatriz. De hecho, este lugar ni siquiera pertenece a mi mundo.

No obstante, al igual que Dante, he tenido que hacer frente a mis pecados, uno a uno. Mi Masamune aún sigue manchada con la sangre de la última Cetra. Y, en cierta manera, sigo siendo un esclavo de los designios de mi madre. Casi aniquilo el mundo solo para alzarme como un nuevo dios, y sospecho que estoy aquí para destruir este infierno. O, al menos, derrocar a su señor.

Mientras avanzo con un paso un tanto lento, observo el gran lago helado que descansa bajo mis pies. En ese instante recuerdo las últimas palabras que me ha dedicado mi guía particular:
Su postura en el hielo te contará su traición. Los que están sumergidos hasta la cabeza son traidores de sus seres queridos. Quienes solo tienen libre su rostro son traidores a su nación. Aquellos que están completamente hundidos son traidores a su dios. Sin embargo, en el centro, mora quien traicionó a todos y cada uno de los seres del bello mundo.
A medida que me acerco al Gran Traidor, la estructura del puente se va volviendo más robusta, debido a que me estoy acercando al origen de la ventisca. Entonces, cuando apenas me separan unos metros de mi rival, me doy cuenta de la razón del huracán gélido y los rugidos lejanos.

Ante mí tengo a un ser completamente rojo, aprisionado por enormes rocas hasta la cintura. Las únicas partes de su cuerpo que puede mover son los brazos, la cabeza y sus seis alas; las cuales bate tan furiosamente que son la causa del viento frío de este lugar. Además, al tener sus tres ojos cerrados, nunca sabe lo que está pasando a su alrededor, por lo que suele rugir, lleno de miedo y desesperación. Es en ese instante cuando entiendo la razón de mi viaje por el Infierno.

No me han destinado a este lugar para terminar con la vida de un monstruo temible. La verdadera razón de mi viaje es liberar a este ser de su sufrimiento, acabando con sus días de tener que existir como un ser lleno de odio, impotente e ignorante.

Cuando estoy frente a él, siento una gran lástima. Al igual que yo, este ser pensó que podía cambiar el mundo para hacerlo encajar en su concepto de belleza. Pero su soberbia fue tal que el castigo aplicado le volvió una simple sombra de sí mismo.

Procurando seguir permaneciendo silencioso, lo observo detenidamente. Sé que una estocada no será suficiente para aliviarle. De hecho, empiezo a preguntarme cuántas serán necesarias. ¿Ocho? ¿Dieciséis? ¿O tal vez treinta y dos? En ese instante, otro de sus rugidos lastimeros corta cualquier pensamiento posible. Debo hacerlo cuanto antes. No por mí, sino por él.

Cuando el silencio vuelve a imperar en el islote rocoso en el que me encuentro, desenvaino mi Masamune y, con la mano izquierda aferrándola fuertemente, la pongo en posición y me lanzo hacia él, ya con ambas manos en la empuñadura. Tras el primer ataque trato de vaciar cualquier pensamiento, llevando toda mi fuerza a mis manos, y de ahí, a mi katana.

Mientras ataco con todas mis energías, acuden a mi mente destellos de mi vergonzoso pasado, como el rostro de la chica Cetra o mi último combate como mortal contra Cloud. Sin embargo, siento aún más fuerzas para liberar a este monstruo, pues me doy cuenta de que podía haber sido yo.

Entonces, en la decimotercera estocada, una luz puramente blanca empieza a envolvernos y a desintegrar nuestros cuerpos, cada vez más rápido. ¿Acaso esta es la luz de Sagrado salvándonos? Esto… ¿Ha sido cosa de Aeris? Sea lo que sea, mientras no paro de luchar, estoy en paz conmigo mismo. Siento que, al fin, mi existencia ha tenido algún sentido.
Nota de autor: Sé que este escrito es un poco extraño, pero tiene su razón de ser. Digamos que es un juego mental. ¿Cómo habría sido la historia de Dante's Inferno si su protagonista hubiera sido Sephiroth, de Final Fantasy VII? Obviamente, si me animara a escribir todo el Infierno necesitaría bastante tiempo. Eso por no hablar de las licencias artísticas que me he permitido en este crossover, como ponerle tres ojos y seis alas a Lucifer. Eso sin contar ciertos elementos que sí están en el Infierno de Dante Aligheri pero no en el videojuego, como la posición de los condenados o la trinidad corrupta.

25 de julio de 2014

Microcuento #1


Cansada de que todos tengan su final feliz menos ella, la princesa se transformó en un dragón de alas negras.

23 de julio de 2014

El trilero editorial


Los timos son como la energía. Ni se crean ni se destruyen. Simplemente se limitan a transformarse según las circunstancias y el objetivo. De esta realidad no se libra ni la industria editorial, pues existen males que nos afectan muy negativamente, como las editoriales que ofertan coedición encubierta. Pero el que me ocupa hoy es tan descarado que no tardó mucho tiempo en ser borrado del grupo de Facebook donde lo encontré. Lo he tenido que dividir en tres imágenes, pues el mensaje era un poco largo. Así, de paso, lo puedo desgranar mejor.


Nada como empezar a vender lo que sea diciendo que vienes de Planeta. Porque Planeta es Dios y todos queremos publicar ahí. O más o menos. Pero apuesto que 9 de cada 10 han perdido la cabeza con la primera frase. Y, para rematar el efecto teletienda, te asegura en el primer párrafo que te publican sin necesidad de tener que poner un mísero céntimo. La panacea, oiga. ¡Tiremos nuestros manuscritos a la pantalla!

En el segundo párrafo se dedican a hablar de las bondades de su distribuidor, que además de encargarse de los cinco ejemplares del Depósito Legal, tu libro llegará a todos lados. Desde la librería de Paquito el de la esquina hasta librerías más importantes. En definitiva, que tu libro será accesible para todos, con independencia del punto del país en el que te encuentres.


Por si no estabas convencido de ver tu libro en cualquier librería que se precie, ¡no te preocupes! Que por lo visto esta filial también vende online en Amazon, además de llevar tu libro a las grandes superficies. Que sí, que te vas a aburrir de ver la portada de tu libro.

Eso sí, si el comité aprueba tu libro... ¡AJAJÁ! Ya empezamos con el olor a chamusquina. Te toca vender un número indeterminado de ejemplares en la presentación del libro. Lo mejor de este párrafo es la acotación (minimo-minimo). Creo que el DRAE siente un poco de dolor después de este señor patadón. Aparte, que no es la primera vez que el método de hacerte vender X cantidad de libros en la presentación aparece vinculado a editoriales estafa.

Antes de pasar a la siguiente imagen, hago destacar que la indicación de aceptar solo manuscritos inéditos en papel podría haberse indicado antes, porque tal y como está estructurado este texto es un lío a la hora de tener que comprenderlo.


Por si aún tenéis dudas del efecto copia-pega, nos vuelven a repetir que nuestro querido libro llegará a todas las superficies, en formato físico y digital. Y, por si las dudas, que ellos se encargan de la presentación. Pero tú vende, ¿eh? Eso sí, si tienes dudas, visita su página en Facebook. Estooooo, ¿cuál? En serio, no sé si es que tengo que comprarme unas gafas nuevas o qué, pero yo no veo nada...

Y, para rematar, y por si con una vez no tenías suficiente, te vuelven a indicar que mandes tu manuscrito en formato Word (di NO al pdf) a un correo Hotmail. Y, aunque lo he tachado para evitar que caigáis, os aseguro que es el típico e-mail tipo mipapamemima@hotmail.com. Vamos, una dirección de correo que para nada se corresponde a, lo que se supone, una empresa seria.

¿Mi conclusión? Normal que el mensaje se volatilizara en cuestión de minutos. Es tan evidente que es alguien tratándose de aprovechar de los sueños de los demás que no duda en utilizar un copiapega mal hecho para conseguir sus propósitos, que huelen a conseguir obras que plagiar o algo peor, si lo hay. Menos mal que en este caso no ha ido más allá de una anécdota. El problema es que estoy segura de que no es la primera vez que alguien trata de hacerse pasar por una editorial. Ni tampoco la última.

Por cierto, señor del copia-pega, si tus habilidades a la hora de escribir son idénticas a las de copiar y pegar, lamento decirte que necesitas mucha práctica, pues esta novata te caló medio adormilada, que ya es decir. Y no fui la única, pues el poco tiempo que tu publicación estuvo online se llenó de comentarios satíricos y desconfiados. Que sí, puede que este mundo esté lleno de aprovechados, pero los buenos también sabemos agudizar nuestro ingenio.

22 de julio de 2014

Querido Fulano

No soy de escribir cartas públicas en mi blog. Básicamente porque prefiero reflejar mis sentimientos en mis escritos o, como suele ser más sensato, guardármelos para mí. Pero si hoy estoy escribiendo esto es porque ya he llegado a mi límite con este asunto. Y quienes saben de lo que hablo o están involucrados de una forma u otra saben que he aguantado meses tratando de no estallar de mala manera.

Imaginad que pasáis un tiempo con una persona. Que la relación no sale bien porque hay gente metiéndose de por medio. Y como por ambos lados la cosa no acabó bien, pues lluvia de mierda por ambos lados. ¿Dónde empieza el problema? Que yo sí me arrepentí de lo que hice, porque sé que lo hice porque tenía el corazón roto. Ni más ni menos.

Cuando comprendí que todo lo que dije estuvo realmente mal le pedí disculpas y me olvidé del asunto, pues no merece la pena darle vueltas a algo que ya no tiene importancia. ¿Qué pasa? Que la actitud de esta persona es, cuanto menos, despreciable.

No lo digo por sus insultos hacia mi físico, mi forma de ser o de pensar o sobre mi no-religión. Sinceramente, que le ría las gracias a sus amigotes y además haga nuevas demuestra una actitud bastante deplorable. El problema que más me toca la moral no es ese, os lo aseguro.

Lo que realmente me fastidia son los continuos menosprecios que ha ido haciendo de mi forma de escribir. Comprendo que yo no soy la nueva Anne Rice. ¡Ni ganas que tengo de serlo! Yo soy yo y escribo como sé. O como puedo. La cuestión es que, aunque en muchas ocasiones no lo parezca, me esfuerzo para tener cada día un poquito más cerca mi sueño, que es el de dedicarme a la escritura. Aunque sea compaginándolo con otro oficio. Pero con que mis escritos gusten a alguien me es más que suficiente.

Te voy a dar un consejo. No por chulería, sino porque considero que lo necesitas. Comprendo que por tus circunstancias personales no puedes dedicarle todo el tiempo del que yo dispongo para escribir. ¿Pero sabes? En lugar de pasar tus días diciendo majaderías sobre mi persona o lo horribles que te parecen mis escritos, ¿sabes qué podrías hacer? Podrías encerrarte un ratito en ti mismo y escribir. Lo que sea. Pero escribe. Te aseguro que haciendo esto te olvidarás mucho antes de mi existencia y además estarás mucho más satisfecho a nivel personal.

Te lo diría directamente, pero si tengo que recurrir a este método es porque ni yendo a ti directamente y tratando de dialogar contigo consigo nada, salvo más faltas de respeto. Y más cobardes que las anteriores, si cabe. Y da gracias que no hago caso a los consejos que me dan personas que se preocupan por mí, porque si lo hiciera sé de unos cuantos que algún día se levantarían con una demanda judicial por injurias. Lo último que quiero es un pleito judicial, te lo aseguro.

Lo tuyo tiene dos nombres: RENCOR y ENVIDIA. No te voy a decir que dejes de sentirlos, pues esos sentimientos son una cuestión tuya, no mía. Pero si sigues guardándolos en tu interior, solo va a haber un perjudicado. Y no voy a ser yo. Piensa en estas palabras y hazte un favor a ti mismo. Yo ya me lo hice superando todo aquello, aunque me haya vuelto todavía más huraña y reservada.

Si no eres la persona a la que va este escrito pero consideras que estás en esta situación, siéntete libre de tomar mis consejos y dejar estos sentimientos negativos atrás. No lo hagas por los demás. Hazlo por ti mismo.

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