11 de julio de 2018

Lágrimas de Eryth


El atardecer teñía de naranja aquel océano que tantas veces le había reconfortado observar desde aquel pequeño pedazo de costa. Desde allí podía admirar la tumba flotante en la que se había convertido Alcamoth, la ciudad que antaño había sido su hogar. Aún le resultaba extraña la ausencia de Ínsula en lo más alejado del horizonte, haciendo de aquel ritual de relajación algo sobrecogedor.

En ese momento, se sorprendió llorando. Su padre, Kallian, los éntidas… ¿Estaba lista para afrontar tantas pérdidas en tan poco tiempo? ¿Y si realmente ella no era la esperanza de aquel mundo que estaba por perecer? Era cierto que no había nada que deseara más que hacerle pagar a Zanza por todo el dolor que le había causado a los suyos por haberlos convertidos en telethias. Eso por no hablar de los innumerables que había causado a nopon y humas por igual. Todo por llegar a aquel día en el que la existencia como ella la conocía debía morir.

Pero, a pesar del miedo y el dolor, sabía que contaba con la fuerza necesaria para decidir sobre su futuro. No había viajado y luchado todo aquel tiempo para rendirse cuando toda la creación necesitaba su entereza.

El cielo comenzó a oscurecerse a la par que Melia se perdía en sus pensamientos. Pero sus ojos ya no miraban el paisaje del Mar de Eryth, tan solo buscaban la paz interior que anhelaba para seguir adelante.

Entonces, recordó las últimas palabras de su hermano. Y, como si uno de sus hechizos se tratara, las dudas y la incertidumbre se desvanecieron. Poco importaba si ella era una Antiqua o si era la esperanza de los éntidas. Ella era Melia. Ella iba a hacerlo.

Antes de que los demás notaran su ausencia, se puso en pie y enjugó como pudo las pocas lágrimas que quedaban en su rostro. Una vez su visión se aclaró del todo, la lluvia de estrellas la envolvió en su efímera belleza. Aquello debía ser una señal. El futuro estaba en sus manos, y no pensaba dejarlo ir.

30 de mayo de 2018

Nunca más

La voz de aquel ángel de seis alas aún resuena en lo más profundo de mi mente. Me advirtió de que caería en la más desesperada de las pasiones. Que me rompería por dentro. Que querría morir por el dolor. Pero, a pesar de todo, ella me esperaba para entregarse a mí en cuerpo y alma.

¿Pero de qué me vale una promesa de amor eterno si ahora siento que esa misma belleza se está escurriendo entre mis dedos?

He perdido las fuerzas hasta tal punto que me despierto llorando y me duermo de puro agotamiento por llorar. No sé cuántos días han pasado, y sinceramente, tampoco me importa. No soy más que un amasijo de sentimientos rotos que han perdido toda ilusión por vivir.

Aquellos recuerdos tan bellos que construimos juntos se me clavan como las espinas de las rosas que me regalaste al verme. Y, aunque deseo con todas mis fuerzas atrapar mi mente en aquellos días de verano en los que fui tuya, el dolor de este frío noviembre me recuerda la cruda realidad: nunca más.

De no ser porque sé que solo servirá para alargar la agonía, me mentiría a mí misma con falsas esperanzas. Porque sé que esto va a dejar cicatrices muy profundas en mí, heridas que nunca cerrarán aunque tenga frente a mí al ángel que me juró estar esperando por mí.

No sé cuántos días pasarán. Quizá no sean solo días. Pero necesito llorar todo lo que ha quedado en mi corazón y no pude entregar. Y aunque consiga hacerlo, sé muy bien que habrá noches en las que no pueda evitar recordarte.

Hasta entonces, seguiré en el que se ha convertido en mi lecho de sueños rotos, abrazando lo único que me queda de ti. Algún día volveré a florecer, pero por ahora solo quiero marchitarme en soledad.

20 de mayo de 2018

Querida princesa

Ah, mi princesa… Ahora que por fin dejarás de ser una bella durmiente estás más cerca el momento de nuestro encuentro. Pero aún debo esperar a que la inocencia de tu corazón se hunda en la desesperación de la vida. Solo entonces podré encontrarte.

Si aún escuchas mi voz en tus pesadillas, quiero advertirte de que tu camino hacia mí es como un jardín de rosas a punto de florecer. Llenas de esperanza e ilusión, se mueren por mostrarle al mundo su efímera belleza. Pero olvidan que el alto precio de tal milagro son sus espinas. Tú, mi inocente golondrina, eres como una de esas rosas, con la sutil diferencia de que serás tú quien se pinche con tus propias espinas.

Caerás en las más desesperadas pasiones, te inflamarás en los más dulces venenos e incluso te romperán tantas veces que desearás que llegue pronto el final. Pero aún así sé que eres una princesa guerrera y seguirás caminando, aunque tu alma suspire por ahogarse en tu océano de lágrimas.

Aunque soy capaz de escuchar todos y cada uno de tus gritos de terror, no podré hacer nada para ayudarte, amada mía. Es un infierno que debes recorrer en soledad, aprendiendo a aceptar el dolor. Querer sentir el dolor de ese millón de espinas perforando tu pálida piel. E, incluso, suspirar para poder sentir ese dolor eternamente.

Entonces, cuando el sufrimiento te haga asfixiarte de desesperación, morirás como golondrina, pero renacerás como el más hermoso de los ángeles. Cuando sientas el abrazo de tus ardientes alas todo el dolor se convertirá en un amor tan puro que brillará en la oscuridad de este mundo corrupto. Y, cuando llegues a ese deseado momento, podremos reunirnos.

Ah, mi ángel… Si aún sigues sumida en tu pesadilla, quiero hacerte una promesa. Cuando todas las rosas que me rodean empiecen a florecer, será cuando tú y yo al fin nos encontraremos. En el momento en el que tus iris marrones vean mis iris escarlata buscaremos fundirnos en un abrazo que reúna nuestros corazones.

Cuando tal milagro suceda, con la luna llena por testigo, prometo bailar nuestro tango de la victoria contigo. Buscando volverme una con tus labios, deseando perderme entre tus caderas. Será entonces cuando entiendas que todo lo que está por venir no es más que una prueba de amor.

Los pétalos de este rosal infinito serán nuestro velo, protegiéndonos de los ojos de quienes nunca podrán entender nuestro amor. Será entre esa cálida intimidad donde nos robaremos el aliento la una a la otra. Será entonces cuando bailemos al mismo son hasta el amanecer y entiendas que tu corazón y el mío siempre han sido el mismo.

No obstante, sé que eres frágil como el último pétalo de cerezo necesario para hacer renacer la primavera. A pesar de todo, creo en ti con la misma fuerza con la que el sol cree en la llegada del amanecer. Te prometo que nos volveremos una antes de lo que imaginas.

Hasta entonces, soy yo la que debe dormir. Aunque mi sueño se inundará de tu terror, sé que cuando nos encontremos esa oscuridad se desvanecerá.

Despierta, mi princesa. Despierta y empieza tu camino a la desesperación. Entrégate a ella, y seré yo quien se entregue a ti.

28 de marzo de 2018

Capítulo 29 - Escribid, malditos, ¡escribid!

Esta no pretende ser una entrada disculpa por mi ausencia. Y la verdad, quienes conozcan mis circunstancias personales sabrán que tengo mis razones. Quizá debería regar algo más esta pobre flor, pero eso es un problema que debo resolver yo con mis demonios internos. No obstante, llevo unos días siendo testigo, en silencio, de cómo se está despreciando la obra de autores jóvenes y/o autopublicados. Por razones clasistas y que no vienen a cuento. Razones que quizá ya hayáis oído y que no merece la pena repetir.

Sin entrar en consideraciones de género y gustos personales, ya se ha hablado muchísimas veces de cómo la visión que tiene la mayor parte del público sobre los libros autopublicados es una visión distorsionada y bastante alejada de la realidad. La máxima de que si una editorial apoya un libro es porque tiene un "algo" y los que autopublican no tienen ese nivel de calidad queda cada día un poco más enterrada. Las editoriales buscan hacer negocio y si, por ejemplo, alguien famoso escribe un poemario, por absurdamente malo que sea, si creen que el nombre de esa persona hará que los libros se vendan solos, les dará igual la calidad literaria.

A raíz de lo que acabo de explicar, hay muchos autores, no solo noveles, que deciden autopublicar. Y, sin entrar en el posible abanico de razones que tengan para llegar a esa decisión, ¿acaso su obra es menos solo porque han decidido dejar de lado el modelo clásico? Evidentemente no. Aunque no me siento personalmente autorizada para hablar de autopublicación ya que no me veo publicando nada de lo que escriba a corto-medio plazo, he de decir que es un camino que elegiría. Porque, para sorpresa de muchos, hay personas que no buscamos dinero en la escritura. Yo entendí que, de seguir escribiendo, debía hacerlo por mi felicidad personal y, quizá, para aquellos que vean algo en mi pluma. Si algún día publico algo, tengo claro que no lo haré por el dinero. Lo haré solo por el placer de transmitir. Y sé que no estoy sola en esta visión. ¿Eso quiere decir automáticamente que todo cuanto escriba va a ser malo? Si por algún instante has pensado que sí, te recomiendo que empieces a bucear en el mundo de los autores autopublicados.

Y lo que es peor... Gente que dice que no se debería escribir. Me pregunto muy seriamente: ¿de dónde salen? Desde que la escritura existe, siempre se ha escrito. Desde simples noticias y memorias hasta extensísimas novelas. De hecho, cuando leí esa afirmación, me imaginé a alguien gritándole a Dante Aligheri: "Dante, pesao, deja de escribir sobre Beatriz y ve a encargarte de otros asuntos". Es tan absurdo que no puedo evitar sonreír, como mínimo. La escritura es arte. Y el arte es la forma que tenemos de canalizar nuestros sentimientos, sueños, demonios internos o lo que sea. Que sea de tu gusto o no ya es algo personal. Pero afirmar tajantemente que no debería hacerse es como tomar un ave y cortarle las alas.

Así que para esos repartecarneses que se creen con autoridad para juzgar un libro por detalles tan triviales como estos, tengo saludos para vosotros. Un libro no es la editorial que lo publica, o el nombre, la edad o incluso el género de quien lo escribe. Un libro es algo mucho más profundo que esos detalles superficiales. Quienes tengáis buen bagaje literario no necesitaréis que os cuente más.

En cuanto a esos autores que os hayáis podido sentir atacados, ofendidos o simplemente aludidos con esas palabras, tengo un deseo (o quizá una orden) para vosotros: escribid, malditos, ¡escribid! No importa lo que sea. Puede ser un poema. Un relato. Ese sueño húmedo que acabas de tener y quieres recordar para siempre. Pero escribid. Os lo ruego. Aunque nadie vaya a leer nunca la tinta que estáis derramando. Por favor, hacedlo. Vuestra voz puede parecer pequeña e imperfecta, pero creedme, vuestra alma notará esa ausencia. El mundo lo notará. Aunque insistas en ocultarlo.

22 de septiembre de 2016

Capítulo 28 - Bucles

¿Nunca os ha pasado que tenéis la sensación de que, hagáis lo que hagáis, siempre acabáis viviendo lo mismo?

Es curioso, pero hace tres años y dos días fue cuando abrí el blog. Y si comparo ese momento con mi presente, encuentro que hay muchas similitudes. Más de las que me gustarían.

Hay algunas similitudes que me gustan, como el hecho de estar preparando una tiendita de bisutería online, aunque la de entonces ya no existe y la de ahora está a punto de abrir y, por supuesto, mucho mejor planeada y habiendo aprendido de mis fallos de entonces. Pero no puedo decir lo mismo de las otras.

¿Por qué este escrito? Siento que me he quedado congelada en algún lugar. Como si me fuera imposible seguir avanzando. No sé si es por falta de esfuerzo o que simplemente el mundo, este mundo, no es mi lugar. Veo como todo el mundo avanza de una forma u otra, pero yo sigo estancada en el mismo lodazal. Yo diría que incluso hundiéndome. Y por mucho que me esfuerce, por mucho que busque la manera de mejorar las cosas, solo soy capaz de sentir cómo me hundo. Es como si me esforzara el triple que los demás, pero a cambio solo recibo un tercio en comparación. Es descorazonador.

O quizá simplemente sea que la meritocracia es mentira. Y la sucesión lineal del tiempo, puestos a desmontar mentiras.

5 de septiembre de 2016

Capítulo 27 - Amor al arte

Aviso desde ya mismo que esta entrada va a ser muy errática. Por dos razones, básicamente. La primera es que estoy escribiendo esto algo ligeramente enfadada, y según me he dado cuenta en los últimos tiempos influye mucho en mi voz. Y segundo porque he empezado a escribir a eso de las 2:08 am, lo que significa que estoy casi en mi hora creativa. Lo que significa que puede que se me vaya muuucho la pinza.

¿Cómo me ha llegado la inspiración para esto? Pues siendo una vaga, como siempre. Una vaga en Twitter, para ser más específica. Entonces, como si el mundo quisiera que me ofuscara lo mío, apareció un tuit de la genial cuenta @forexposure_txt, la cual os recomiendo.

Esto fue exactamente lo que vi:

He aquí una traducción sobre la marcha (y quizá no muy correcta) para aquellos que no llevéis muy bien el inglés:
Esto es tan solo un recordatorio de que la persona que paga a esos artistas de Patreon probablemente tenga un trabajo en el que le pagan el salario mínimo y tenga que pagar su alquiler y mantenerse *igual que tú* y seguramente no tenga dinero de sobra para pagar *tu* alquiler y facturas; y tampoco tienen el tiempo o dinero que un EMPRESARIO tendría para pagarte un sueldo regularmente. Al contrario que un empresario, no están OBLIGADOS a pagarte. Eres un freelance, no un trabajador. Gracias, y ten un buen día.
Antes de seguir, un matiz rápido: yo diferencio entre freelance y autónomo. Para mí, a un freelance puedes darle una serie limitada de instrucciones como guía para seguir su trabajo. Unas indicaciones, pero poco más. Sin embargo, a un autónomo no puedes darle estas instrucciones, ya que ellos trabajan siempre bajo sus propias instrucciones. Sé que es pedante y quizá algo irrelevante para el meollo mental que quiero expresar, pero lo sentía necesario.

Hay mucha gente ahí afuera con la concepción terriblemente clasista de que el arte en sí mismo no es un trabajo de verdad, y que por lo tanto todos aquellos que de una forma comen gracias a sus habilidades artísticas tienen que buscarse un trabajo de verdad. Obviamente, el objetivo de esta entrada no es explicaros por qué el arte sí es un trabajo. Podría hacerlo, pero mejor lo dejo para otra ocasión o acabaré escribiendo hasta el amanecer. Aunque os adelanto la conclusión: sí, el arte es un trabajo tan válido como cualquier otro.

Tampoco creo necesario explicaros que en la industria cultural generalista hay muchas personas que comen gracias al esfuerzo de un artista. Por ejemplo, cuando un escritor conocido publica un libro, las ganancias que genera la venta del volumen no van solo para el escritor, sino también para la editorial, los distribuidores, los libreros y, al final, el escritor. El cual, por cierto, puede considerarse muy afortunado si recibe el 10% de esa cifra.

Con estos datos puestos sobre la mesa, por fin puedo acercarme a lo que quiero expresar: yo, como ¿artista? que soy, no entiendo el odio que se genera contra nosotros por el simple hecho de querer algo de retribución. Aunque sea de manera simbólica.

Bien es cierto que en este blog no tengo ninguna forma de monetización. No hay anuncios, no tengo un botón de Paypal para donaciones y, mucho menos, una cuenta de Patreon. Y de nada por el estilo, realmente. Vale que hubo un momento hace meses en el que me planteé cierta monetización debido a mis circunstancias personales, pero al final desistí porque sencillamente no me consideraba digna de ser retribuida por este blog. Más que nada porque este blog no es mi trabajo, sino mi hobby. Y, a menos que empiece a (auto)publicar libros, dudo mucho que esta dinámica cambie.

Pero, ¿qué pasa para aquellos que crean contenido de forma regular? Aquellos que, con mejor o peor maña, se esfuerzan en crear algo original, de calidad y con cierta regularidad. ¿Acaso no merecen una retribución? Yo digo SÍ.

Crear arte, sea del tipo que sea, requiere de una inversión. Sea el que sea. Yo, por ejemplo, soy muy afortunada y realmente lo que necesito es una libreta, un lápiz, una goma y un afilador. Esto es todo cuando necesito para crear. Obviamente, para hacer llegar lo que escribo a vosotros necesito electricidad para hacer funcionar mi ordenador y una conexión a internet para acceder a mi blog, el cual es gratuito. Mi dominio también es gratuito, así que realmente solo tendría que pagar por la electricidad, mi ordenador si no lo tuviera previamente y la conexión a internet. Y al menos por aquí puedo tener estas tres cosas gratis si voy a la biblioteca municipal.

Pero no todas las artes funcionan igual que la escritura, y la inversión puede crecer hasta límites que ni tú ni yo nos podemos imaginar. Alguien que dibuje a color seguramente necesite lápices o pinturas de buena calidad. Y créeme, no es barato. Los músicos necesitarán instrumentos fiables, así como dispositivos para grabar, mezclar y manipular sus piezas. Los vloggers necesitan una buena cámara, probablemente un fondo de croma o un escenario y un ordenador lo suficientemente bueno para editar y renderizar los vídeos sin que pierdan calidad o el aparato explote en el proceso. Y sí, solo estoy teniendo en cuenta lo necesario para crear. ¿Entendéis por dónde van los tiros?

Efectivamente: CREAR NO ES GRATIS. Y de hecho, ¿qué es gratis en esta vida? Pero el arte que consumís, de una forma u otra, tiene una inversión detrás. Cierto es que que hay casos, como lo que hago yo en este blog, en los que no esperamos nada a nivel monetario. Pero, y tal como expliqué hace unos párrafos, es porque es un hobby. En el momento en el que adquirimos una posición más profesional todo cambia.

Aquí es donde entran Patreon, los botones de donación y todo cuanto se os antoje. Cualquiera que sepa un poquito cómo funcionan estas cosas sabrá que no es obligatorio pagar nada. Por ejemplo, Smooth McGroove publicita su Patreon al final de sus vídeos en Youtube. ¿Pero eso quiere decir que aquellos que no podemos/no queremos donarle no podemos ver sus vídeos? ¡No!

Así que la persona que escribió lo del screenshot debería plantearse un poco su punto de vista, ya que está cayendo en una falacia para descreditar estas plataformas. Sí, somos conscientes de que la mayoría de estas personas son gente trabajando por el sueldo mínimo, y que si separan 5 libras mensuales o hacen una donación puntual se lo están quitando de su sustento para que lo tengamos nosotros. ¿Pero les obligamos? ¡No, por favor! Y de hecho, al menos en Patreon, me consta que se dan recompensas exclusivas a aquellos que les patrocinan. ¿Esto es malo? ¡Claro que no! Es más, estas recompensas son para agradecerles este esfuerzo y consideración. Soy incapaz de ver algo negativo en esto.

Querer una retribución monetaria no está mal. En serio, no. Por ejemplo, vosotros no vais a un tatuador y le decís que os haga ese tatuaje tan chulo de gratis, ¿verdad que no? Y me supongo que tampoco vais a quien tiene una tienda en Etsy de lo que sea y le decís que queréis X producto gratis. Entonces, ¿por qué hacer diferencias? Si todos mis ejemplos implican cierto grado de profesionalización e inversión para ser llevados a cabo, ¿por qué colocar esta barrera? ¿Acaso es porque son contenidos intangibles que podéis encontrar a patadas en internet de forma gratuita?

En serio, pensadlo. Poneos en el lugar de todos aquellos cuyas donaciones les ayudan a seguir dándoos esos vídeos, esa música o esos dibujos tan chulos. ¡O inclusos esos artículos tan fascinantes! Entonces estoy segura de que entenderéis mi punto completamente.

Mientras tanto, creo que yo seré más feliz haciendo esto por amor al arte. Válgame la redundancia.

4 de septiembre de 2016

R.A.I.N.B.O.W.

No encontré fuente D:
¡Pero escucha esto!
Era un día tan anodino como todos los que había vivido. Flandre solo veía a su alrededor su inmensa habitación. ¿O debería verla como una celda?

Había cientos de peluches destrozados por el suelo, víctimas de sus abrazos. Y las paredes, de un color rojizo mucho más suave que el escarlata de su vestido, estaban llenas de agujeros y abolladuras.

-Yo solo quiero jugar... -susurró apesumbrada mientras se sentaba en su cama y se abrazaba las piernas.

El único contacto que Flandre tenía con alguien que no fuera ella misma era cuando Sakuya la visitaba con el único objetivo de dejarle algo de sangre. Pero la sirvienta nunca la tocaba y, mucho menos, aceptaba sus imperiosas peticiones de compañía.

Aquella soledad solo conseguía que fuera más destructiva con todo aquello que la rodeaba, de ahí los cientos de restos de algodón que reposaban esparcidos en el suelo. La frustración le daba más poder, y la única forma de cambiar aquello era encontrar alguien que quisiera estar con ella.

El aroma del desayuno llegaba a sus fosas nasales tímidamente. Seguramente Sakuya la había encontrado durmiendo y, para no importunarla, simplemente depositó la ración de la pequeña vampiresa y desapareció sin dejar rastro. Sin embargo, había cometido un error: la puerta estaba entreabierta.

Cuando los ojos carmesí de la pequeña descubrieron aquel descuido adquirieron un brillo lleno de vitalidad. Entonces, Flandre lo tuvo claro. Había llegado la hora de jugar. Sin pensarlo, cogió su preciada Lævateinn y salió volando de allí, dejando un rastro arcoiris tras ella.

No mucho después, una risotada llena de inocencia infantil invadió la Mansión Escarlata. Por fin su aburrida cárcel se convirtió en su zona de juegos.
Nota de autora: Llevo un año queriendo escribir esto. ¡Un año! Sé que es mucho tiempo, y he tenido muy buenas razones para no poder escribir nada medianamente literario. Pero espero poder volver a escribir, aunque sea poco a poco. Además, me siento muy feliz de que mi primer fic de Touhou sea para Flandre Scarlet. No es mi personaje favorito, pero admito que me parezco más de lo que me gustaría a ella. Quizá yo también viva en una cárcel llena de peluches rotos esperando a un compañero de juegos. Quién sabe.

Por cierto, esto ha sido prácticamente escrito sobre la marcha. Así que quizá tenga algún gazapo. Si no, admito que ha sido genial.

4 de julio de 2016

Confesiones de una libreta

Nota de autora: en caso de que no sepáis a qué libreta me refiero, quizá deberíais leer esto. Y sí, sé que este texto es viejo, pero me hacía ilusión recuperarlo.
Mi historia empieza como la de cualquier otra libreta. Ya sabéis, talar un árbol, extraer la celulosa, fabricar el papel… Lo típico.

Después de todo eso me vi convertida en una libreta Guerrero. De tamaño cuartilla. Con 60 páginas cuya única marca eran las pautas de una línea de fábrica. Número de referencia 71331. Por si os interesa haceros con alguna prima mía.

En uno de esos azares del destino, antes de conocer a la que sería mi Ama, acabé en una pequeña isla del Atlántico. Más concretamente en un pequeño bazar que, casualmente, tenía cerca un instituto, un colegio de monjas y una biblioteca. Parecía ser el sitio idóneo para que alguien normal y corriente me comprara y me inundara con sus aburridos deberes. Lo que suele esperarse de una libreta normal y corriente.

Pero apareció ella.

Al principio pensé que era la típica chica de instituto que lleva aires alternativos. Aunque algo más echada a perder, la verdad. Hasta que me compró y empecé a conocerla. Su pelo lila me había tomado totalmente desprevenida, ya que me esperaba algo más típico de adolescentes: un diario íntimo. Pero en lugar de eso me dejó un tiempo en blanco, decidiendo con qué llenaría mis páginas. Porque, descartados los debes, los apuntes y hasta el diario, ¿qué quedaba?

Relatos.

Pero no relatos cualesquiera… ¡Relatos eróticos! Eh, que a mí me daría igual de no ser porque, para colmo, son escritos… ¿Cómo describirlos…? Enfermizos. ¡Eso es! Enfermizos.

Y desde ese día de finales de abril, mi Ama, que aun sabiendo en su locura, me maltrata escribiendo en mis hojas cosas que asquearían a cualquiera. Sangre y golpes, golpes y desnudos, desnudos y sangre… ¿Verdad que es asqueroso? Pues imagina que escriban algo así en tu piel. Te lo borrarías lo antes posible. Lo sabes. Lo sé.

Lo peor vino a mediados de junio. Me vine a enterar de casualidad que sería una especie de regalo para alguien muy estimado por mi Ama. Al menos en sentido romántico. Y ahí ya supe que mi vida será extremadamente miserable. Mi Ama inundará hasta la última de mis páginas con sus desvaríos emocionales. Y después de eso, para mayor humillación, seré entregada a un completo y absoluto desconocido que leerá y releerá mis páginas con lascivia una y otra vez hasta que, algún día, se aburra de las palabras de mi Ama (o mi Ama en sí) y acabe abandonada en algún lugar oscuro y polvoriento de su casa. O peor: en la basura. No, por favor, ¿acaso hice algo mal siendo un árbol? ¿Acaso era un sauce boxeador y noqueé a alguien?

Espero que mi futuro Amo al menos tenga la consideración de tratarme con el mimo con el que me trata mi actual Ama. Aunque es cierto que escribe cosas horribles y que además aprieta el lápiz al deslizar su punta sobre mis hojas, nunca me las ha arrancado. Ni me las ha roto. Tampoco ha tolerado que me ensucie o me llene de faltas de ortografía. Y a veces hasta perfuma delicadamente mis tapas. Sinceramente, me conformo con que no me hagas daño. ¿Te parece bien, futuro Amo?

Ay… Con lo fácil que hubiera sido ser una simple libreta de deberes…

17 de junio de 2016

¿De vuelta?

Resulta demasiado paradójico que haya decidido escribir (¡y publicar!) esto en una fecha tan importante para mí. Normalmente me negaría a explicar la razón y trataría de cambiar de tema, pero ya que este blog forma parte de La Nueva Era™ (?), creo que no debo esconderlo. Tal día como hoy, hace tres años, fue cuando por fin pude acabar con la situación de maltrato que vivía en “mi casa” (gracias, “mamá” y “hermano ¿mayor?”) de la forma más bestia posible: largándome. Debo acotar que esta fue la única vía que me quedó después de tratar de buscar ayuda en los servicios sociales, policía y demás. Podría explayarme sobre esto, pero no es la idea.

Sé que esto parece no tener nada que ver con la razón por la que he estado desaparecida de este blog durante la friolera de UN AÑO. Bueno, casi, teniendo en cuenta la fecha de la última entrada. Pero cuando técnicamente no tienes familia porque una mitad ha abusado claramente de ti y la otra mitad está fastidiada por otras muchísimas razones, yo no tengo estabilidad alguna. Y vamos: shit happened!

El 99,999999% de la gente no retomaría un blog abandonado durante un año. Y este porcentaje subiría aún más si tenemos en cuenta el hecho de que parece que nadie ha echado en falta que no dijera nada nuevo. De hecho, tengo una entrada por completar y casi un año después nadie ha venido a decirme: “¡Pero acábala, gata gandula!” Me encantaría hacerlo, pero creo que he olvidado el punto…

De hecho, desde agosto de 2015 (el mes de mi última entrada aquí) hasta hoy realmente no he escrito nada literario. Y destaco el literario porque debido a mi situación personal me centré por un tiempo en un diario personal (el cual no publicaré en ninguna parte por ser demasiado personal) y un proyecto de activismo autista. No diré el nombre porque no quiero pecar de spammer en mi regreso.

Al menos hay algo bueno que puedo deciros: no he vuelto por impulso. Quiero decir, llevo como un mes o más pensando en volver y cómo hacerlo. Se supone que un blog necesita de regularidad, y cuando desapareces sin explicaciones durante tantísimo tiempo la vergüenza de volver es demoledora. Pero, a pesar de esto, realmente quiero volver. Tendré que ganarme otra vez algo de público. Incluso a los bots rusos, creo.

Y sí, a pesar de que la vergüenza y la timidez se me hacen muy grandes, creo que esto se queda en nada comparado con el valor sentimental que tiene este blog. Lo empecé a los tres meses de salir de esta situación de maltrato, cuando las cosas me iban más o menos bien. En ese momento fue cuando decidí que el color dominante iba a ser el rojo, en contraposición a otros blogs que tuve y en los que usé el negro o el violeta. También decidí que me sentía mucho más cómoda escribiendo como Tangoth y no como Sariel, aunque técnicamente no hay distinción alguna. Y aunque admito que me echaron una manita con el nombre, creo que por aquel entonces no habría encontrado nada más personal y llamativo.

Creo que por entonces hice un buen trabajo, porque casi tres años después y habiendo pasado por toda suerte de infortunios, no necesito cambiar nada ni empezar de cero. ¿Cuánta gente puede decir esto?

Así que sí, estoy de vuelta. No puedo prometer regularidad ni que me quedaré para siempre. Que sí, que ahora mi situación ~*parece*~ haberse estabilizado. Pero cuando no tienes a nadie y el mundo te discrimina por ser diferente, cada día puede ser un punto de inflexión.

Gracias por tomarte el tiempo para leer. Sé que ha sido un poco largo, pero sé que un “hola he volvido xdxdxdxd” no era suficiente ni de lejos.

23 de agosto de 2015

La sacrosanta RAE (I)

Aviso que esta entrada estará dividida en varias entradas más cortas debido a la complejidad del tema. Y es que, cuando de poner en duda principios básicos se trata, hay que ir explicando poco a poco cada punto, no vaya a ser que se nos atragante y sea mucho peor.

Mucha gente cree saber cómo funciona un lenguaje. Creen que un grupo de señores pueden regular cualquier detalle de una lengua, da lo mismo que la hable tan solo un millón de personas que cuatrocientos millones. Da igual, siempre existirá alguien que pueda ponerle normas.

Lo cierto es que no es así. De hecho, nunca lo ha sido, ni lo será.

Cualquier idioma que conozcamos ha sufrido una evolución. Los idiomas que hoy conocemos no son más que formas deformadas y modernizadas de lenguas como el latín o el griego, que a su vez surgieron de otras lenguas que también vivieron este proceso. Y así hasta llegar a los primeros balbuceos del ser humano. Y, por si aún tenéis alguna duda: no, ninguna institución ha estado detrás de este proceso de evolución.

Esta introducción parece totalmente descontextualizada. Y de hecho, si no os pongo en antecedentes, efectivamente no tiene sentido alguno. Pero lo tiene, y mucho.

Si sois hablantes del idioma conocido como español o castellano y estáis medianamente informados, sabréis que hay una institución llamada Real Academia Española, cuya función es, básicamente, regular el español como idioma y resolver dudas, desde las más básicas hasta las más complejas.

En cuanto a la organización interna, la RAE posee 46 académicos, los cuales representan el alfabeto latino en sus grafías mayúscula y minúscula. Aunque estos no son los únicos académicos, podemos decir que son los más importantes.

Aunque los académicos son personas elegidas por su relación con el español como idioma, no debemos olvidar un punto importante: también son personas. También son hablantes con sus propios rasgos, más o menos públicos.

¿A dónde pretendo llegar? Aunque la labor regularizadora de la RAE es encomiable, tenemos que recordar que, por el simple hecho de ser humanos, tienen sus limitaciones.

A pesar de que los académicos gozan de cierto argumento de autoridad por tener un oficio involucrado con el lenguaje, la realidad es que actualmente muchos cambios que se están llevando a cabo no son del agrado de muchos hablantes o, al menos, no tienen mucha lógica, como el caso de sólo*/solo, cuya primera forma ha pasado a ser considerada una falta de ortografía.

A modo de inciso personal: entiendo que muchos cambios se hacen para simplificar el lenguaje, algo que sucede de forma espontánea en las calles, pero el cambio que he ejemplificado es un cambio que no está justificado, ya que la presencia o no de tilde estaba justificada. Ahora se aduce al hecho de que hay que examinar el contexto, algo que en ocasiones puede llegar a ser confuso. Este no es el único caso, solo que sí es el más fácil de exponer.

Y aquí es donde me voy a acercando a una verdad a gritos: la RAE, aunque se esfuerza en limpiar, fijar y dar esplendor, siempre va un paso por detrás del auténtico español, el que se habla en las calles. Es humanamente imposible recoger el analgama de vocablos y registros que se pueden escuchar en el mundo.

Continuaré con esto en otra entrada, ya que en este caso, más que hablar de la RAE, debo fijar el foco en quienes hablamos este idioma. Como tú y como yo.

18 de agosto de 2015

Capítulo 26 - Anonimato

Antes de empezar a escribir lo que viene siendo la entrada, propiamente dicha, me gustaría advertir a mis posibles lectores de que esta reflexión que vais a leer es personal. Y me ha tomado su tiempo organizarla en mi cabeza porque son muchos pequeños puntos y, si los organizo mal, no se puede comprender el gran punto al que pretendo llegar.

En cualquier caso, puedo contaros la conclusión a la que he llegado después de todo mi cacao mental: el anonimato está infravalorado.

Sé que buenas a primeras parece una afirmación estúpida y carente de base. Por eso necesito matizar uno a uno mis puntos para que comprendáis por qué he llegado a esta conclusión. Y el primero de ellos es algo que, si me seguís desde algún tiempo, deberíais saber. Tened en cuenta que prácticamente todo lo que publico en este blog va especialmente orientado a personas que, como yo, aspiran a convertirse en escritores.

Creedme, este matiz es realmente importante, pues es la base de todo el planteamiento posterior.

En un ejercicio de honestidad con nosotros mismos, tenemos que admitir que, en más de una ocasión, hemos soñado despiertos con escribir la historia de nuestros sueños, que una buena editorial se interese por ella y saltar a la fama. Está bien soñar con eso, sobre todo si detrás de ese sueño hay un trabajo detrás. Pero fijo que pocos han llegado a plantearse el lado menos amable de ese sueño.

Yo admito con naturalidad que me gustaría ser conocida como novelista de fantasía, especialmente dentro de la novela vampírica. Pero también confieso que yo no estoy preparada para ello y, mucho menos, puedo hacer el esfuerzo necesario para hacer mi sueño realidad, teniendo en cuenta mi situación personal actual y a corto plazo.

Pero, si me salgo fuera de los factores relativos a mi propia persona, me encuentro con que la industria editorial de mi lengua materna tiene su reputación bastante dañada por pequeñas pseudoeditoriales que se dedican a embaucar escritores noveles y no tan noveles prometiéndoles incluso la luna. No hay mucho que añadir sobre este tema, pues cualquiera quetenga cinco minutos y sepa usar Google con pericia podrá encontrar fácilmente escándalos relacionados con este tema.

Muchos llegaréis a la conclusión de que la autopublicación es la mejor salida. No puedo discutirlo, pues al menos las tareas de gestión, publicidad y demás recaen sobre uno mismo. El problema es que, nos guste o no, el mercado de la autopublicación, especialmente Amazon, está repleto de libros que, por un motivo u otro, no han sido lo suficientemente cuidados, lo que hace que se tenga una mala imagen de la autopublicación por culpa de un pequeño grupo. Otro debate que da para muchas horas.

Pero, ¿qué sucede si tenemos la suerte de firmar con una editorial grande? Vale, si de verdad se interesan por nuestro escrito tendrá una buena publicidad y unas ventas respetables. Siempre y cuando no tengas que competir con algún youtuber explorando otros terrenos o un famoso por méritos dudosos, claro está. Pero firmar con un grande supone una gran responsabilidad, sobre todo si pasas a ser un nombre relevante dentro de la editorial.

Y entonces, es cuando el acto de escribir deja de ser un arte para pasar a ser solo trabajo.

Y cuando algo pasa a ser un simple trabajo, se pierden las ganas.

Por eso valoro mi tiempo como autora anónima. Quizá no me lea tanta gente como realmente me gustaría, eso es cierto. Pero con el tiempo he aprendido a apreciar cada aspecto de la escritura. Y aunque confieso que me preocupa ser leída, también admito que tengo bastantes relatos ocultos que he escrito solo por el placer de plasmarlos en un papel. Algunos llamarían a esto madurar. Yo lo llamo crecer.

También valoro mucho la libertad creativa de la que dispongo ahora mismo. No estoy atada a las reglas de nadie, lo que me concede la libertad de escribir sobre lo que yo crea oportuno. Sin presiones ni limitaciones por parte de nadie.

Quizá el único inconveniente es que por mis obligaciones personales no puedo dedicarle todo el tiempo a escribir. No obstante, ese tiempo que sí puedo utilizar lo puedo organizar como yo considere oportuno.

Por todo esto, he llegado a la conclusión de que el ser un escritor anónimo está infravalorado. Muchos escriben pensando en el momento en el que su nombre resonará en todas partes, si alguna vez lo hace. No tiene nada de malo soñar, pero hay que saber tener los pies en la tierra y disfrutar del momento.

20 de junio de 2015

Sobre "Gemidos de sangre"

Hola, soy una bonita entrada de Off-Topic. A ver, no soy un Off-Topic radical, pero como necesitaré salirme de tema algunas veces, pues eso.
Sé que apenas toco el blog, pero tengo mis razones para ello. Desde finales de mayo estoy en el Reino Unido como au pair. Al principio me costó hacerme a mis nuevas tareas, pero con esfuerzo y paciencia sigo aquí disfrutando y aprendiendo a partes iguales. Que lo bueno de que no haya ni un solo español cerca es que tengo que hablar inglés sí o sí. No me va a pasar como en Francia. Ni en broma.

Ahora, vayamos a lo del título. ¿Qué es eso de "Gemidos de sangre"? Bueno, no hace falta ser muy inteligentes para saber que será el tema principal de esta entrada. No quería dejarlo como una serie de tuits en mi cuenta personal, desperdigados y posiblemente descontextualizados. Así que voy a aprovechar este ratito libre para escribirlo y así organizar un poco mis ideas a la vez que actualizo.

Llevo un tiempo queriendo escribir esto. Un relato quizá un poco largo para que lo que suelo hacer. Muy a mi estilo. Vamos, sangre, un poco de sexo, alguna locura mía y poco más. Creo que el título ya es bastante aclaratorio, pero siempre queda mejor aclararlo.

La cuestión: resulta que originalmente no pensé en este título. De hecho, si he buscado este nuevo título es porque ya existe un relato con ese título.


He estado dudando bastante de si ponerme a escribir mi relato o no por el hecho de que alguien podría intentar buscar similitudes, existentes o no y acusarme de plagio o algo peor. Cuando me he molestado en leer el relato unas cuentas veces y realmente no tiene nada que ver con mi idea. Bueno, en lo de que aparecen vampiros. Pero no mucho más, creo. Pero mis dudas sobre ello han sido reales.

¿Lo escribiré? Sí. ¿Cuándo? NI IDEA. Los días entre semana no son muy buenos para ponerme delante del ordenador o mi libreta y ponerme a escribir durante bastante rato. No lo son, en absoluto. Y los fines de semana, pues depende. Me gusta moverme por aquí y socializar. No siempre lo hago, pero algo hay.

Así que nada, sabeos informados de las últimas locuras de mi cabecita. Quizá pueda escribir algún fic pequeño sobre Touhou o alguna cosa improvisada, pero no prometo nada.

p.d. He estado a punto de poner U.N. Owen Was Her? como autoplay cada vez que alguien visita mi blog. Pero si ahora ya no me visitan ni los bots rusos, pueeees...

p.p.d. Si, por lo que sea, alguien necesita localizarme, juraría que o mi Twitter personal o mi teléfono inglés. Pero la verdad es que del resto de sitios ando bastante desconectada.

18 de mayo de 2015

Capítulo 25 - Triángulos amorosos

Estoy segura de que todos nos hemos topado en, al menos, una ocasión, con un triángulo amoroso en alguna historia que seguimos. Ya sea en un libro, un cómic, una serie o, incluso, en un videojuego. Están en todas partes, es un hecho. Tanto, que la web TvTropes tiene esta realidad recogida como un cliché.

Ahora que ya os he introducido el tema, puedo deciros sin ningún rencor que yo soy otra de tantas personas que odian encontrarse un triángulo amoroso. Para mí un triángulo amoroso es como echarle mejillones a la pizza. La pizza ya de por sí es perfecta. Los mejillones la arruinan. Otros dirán que la culpa es de la piña, pero esos en mi mesa nunca serán bienvenidos.

Sé que esta entrada quizá no añada nada nuevo a las razones por las que odiar los triángulos amorosos, pero lo que sí puedo deciros es que al menos son mis razones. Y como son mis argumentos, los explicaré a mi manera. Mientras resulten comprensibles, creo que no hay nada malo en mis palabras.

Eso sí, aviso desde ya:

ADVERTENCIA DE SPOILERS
Voy a usar Final Fantasy VII como base para argumentar mi punto de vista. Además, mencionaré Final Fantasy X y Memorias de Idhún como refuerzo. Si tienes intenciones de jugar o leer, será mejor que te des la vuelta.
Yo entiendo que en un libro de genero romántico, erótico o afines haya que poner un triángulo amoroso. Porque gracias a uno puedes permitirte meter chicha del tipo que quieras. Es una verdad como un templo. El problema llega cuando ese cliché sale del lugar en el que suele funcionar bien.

Mi ejemplo es Final Fantasy VII, típico videojuego JRPG en el que un tipo malvado con un peinado extraño y una identidad de género que puede llegar a ser confusa busca destruir el mundo. Este resumen sin entrar en detalles sirve para describir casi cualquier juego de la franquicia. Igualmente, se puede llegar a una conclusión sencilla: no es un videojuego en el que debamos tontear con alguien en concreto para sacar un final bonito. O si no se llamaría Final Fantasy Memorial en homenaje a cierto simulador de citas.

La cuestión es que existe un triángulo amoroso entre el protagonista, su amiga de la infancia y una chica que entra en discordia. En efecto, me refiero a Cloud, a Tifa y a Aeris. Aunque esto no tiene mucho que ver con la historia, hay momentos en los que a Cloud se le da a elegir cuál será su diálogo, pudiendo inclinarse más hacia Aeris o hacia Tifa. Existen otras opciones, pero estas dos resultan ser las más obvias.

Resumiendo: es un triángulo orgánico.

Cierto es que hay un momento en el juego en el que pierdes totalmente la sensación de estar jugando a un JRPG debido a que hay una cita en un parque de atracciones, con paseo en noria incluido. Pero después de ahí la sensación de triángulo casi desaparece, y más después de la intromisión de cierto caballero portador de una Masamune. Ya me entendéis. Así que el triángulo, si es que se resuelve, lo hace de forma favorable a Tifa. Aunque Cloud siga viendo a Aeris de forma especial. ¿Y quién no, SI HA DADO TU VIDA POR TI?

El problema es cuando el triángulo no es orgánico. Vamos, forzado. Para que me comprendáis. Es el caso de Final Fantasy X.

Yuna bebe los vientos por el tipo atolondrado del pasado. Y Tidus, aunque es advertido de que no debe enamorarse de Yuna, lo hace. Porque puede. ¿Qué triángulo hay aquí entonces?

El tercero en discordia es Seymour, al que realmente se la pela absolutamente todo con tal de destruir el mundo controlando a Sihn. ¿Y cuál es la forma de acercarse a su objetivo? Casarse con Yuna, que ella le ofrezca como sacrificio para acabar con Sihn y, por causa de ello, convertirse en el nuevo Sihn.

El problema es que a causa de este triángulo forzado hay una parte del juego en la que todo gira alrededor de la boda entre Yuna y Seymour. Hasta hay una escena de corte un tanto larga que va, justamente, de parar la boda.

¿Y cómo resolvemos el triángulo? Pues la opción principal es resolverlo de la forma más heterosexual y monógama posible. O, en casos algo raros, destruyéndolo del todo. Todo depende del tipo de final que se desee, si uno alegre o uno más bien triste.

Sin embargo, si hay un triángulo que se resuelve de forma curiosa es el de Memorias de Idhún. Vale, sigue siendo un final heterosexual, pero al menos acaba en una relación dual entre la chica y los dos chicos. Algo que seguro que nadie se esperaba.

Una vez explicados mis tres ejemplos de forma sencilla, creo que ya puedo empezar a hablar con más propiedad de este asunto.

Eso de que me cuelen triángulos en lo que voy a leer, ver o jugar no me gusta. Entiendo que a veces pueden ser influyentes en la historia, como es el caso de Final Fantasy X. Pero ese triángulo no había por dónde cogerlo. Yuna nunca tuvo interés romántico en Seymour. Y a Seymour le daba igual ella. De hecho, a Seymour solo le importa su propia persona. ¿No había otra forma de hacerlo más creíble o, al menos, no hacerlo tan pesado?

El de Final Fantasy VII realmente era prescindible. Tan prescindible que, quitando la parte de la cita en el parque de atracciones, realmente no existe y tampoco se resuelve de forma clara hacia ningún lugar. A menos que entremos en la mente de los fans del juego, que ya se encargan de hacer fanarts y fanfics al respecto.

Entonces, ¿para qué ponerlos? ¿No habría sido mejor profundizar en otros aspectos? Porque, si algo le critico a Final Fantasy VII es la poca profundidad en ciertos aspectos. Aunque Final Fantasy X no peca tanto en falta de profundidad, sí es cierto que hubiera preferido que me explicaran otras cosas antes que meterme un pseudotriángulo de por medio.

En cuanto al de Memorias de Idhún, no tengo mucho que criticarle respecto a presencia en la historia porque, además de influyente, guste o no, la pluma de Laura Gallego tiende demasiado hacia el romanticismo. Por esa razón, un triángulo en una novela suya no es del todo malo. Aunque, como afirmé al principio, sea un tópico tan manido que aburra.

Sé que coger dos de mis videojuegos favoritos como ejemplos de peso para justificar mi punto de vista quizá no sea lo más valido. Pero estoy segura de que hay muchos libros que tienen triángulos parecidos. Y que, por una razón u otra, acaban resolviéndose de manera parecida. Entonces, si se van a desarrollar de manera parecida y resolverse casi siempre de la misma forma, ¿para qué usar ese recurso? ¿No sería mejor buscar otra forma de profundizar en tus personajes y en tu historia?

Por eso, cada vez que veo algo que tiene una de estas insidiosas formas geométricas como leitmotiv, suelo acabar ignorándolo. Porque ya me sé el final sin haberme molestado en los detalles. Mi mente quiere cosas nuevas. Mucho me tiene que gustar para que siga adelante.

10 de mayo de 2015

Capítulo 24 - Para mí

Supongo que a veces todos pasamos por momentos así. Momentos en los que las palabras apenas fluyen. Y, si lo hacen, por la razón que sea, preferimos guardarlas para nosotros mismos. Como a mí me pasa ahora.

Aunque tengo algunos escritos en mi libreta que me gustan, prefiero guardarlos para mí. Además, ahora, cada vez que la veo, en vez de tener ganas de abrirla y empezar a escribir lo primero que se me ocurra, simplemente no me apetece. No sale de mí.

Quizá es el estrés de mi vida personal. Quizá es la apatía que siento por primavera. El caso es que no me apetece escribir. No me gusta que sea así, pero negar el problema es todavía peor.

A veces, lo mejor es tener una época solo para mí.

6 de mayo de 2015

Cómo NO arreglar una 3DS

Foto real de mi consola.
ADVERTENCIA: la entrada me ha quedado un poco larga. Entended que mi enfado es proporcional al número de palabras de este escrito. Gracias.

Sé que esta entrada de blog es un ejemplo perfecto de Off-Topic total y absoluto, pues no tiene nada que ver con la temática de mi blog. Si me he decidido a contar mi mala experiencia respecto a este asunto es porque mis niveles de enfado y mal genio ocasionados debido a esto empiezan a alcanzar un nivel estratosférico. Aunque bueno, quienes leáis mi Twitter personal no necesitáis explicaciones sobre esto.

A mediados de marzo se me terminó de romper el conector de carga de la 3DS. Anteriormente, aunque estaba algo roto, si se sabía cómo colocar la consola podía cargarse y seguirse usando sin problemas. Todos los botones funcionaban bien, las pantallas están bastante bien para ser una 3DS de las primeras que salieron y nada fallaba o estaba estropeado. Nada salvo eso.

Viendo que ya no había forma de seguir utilizando mi consola, no me queda más remedio que optar por la reparación, cosa que pospuse hasta finales de abril porque me urgía resolver ciertos asuntos. Y mi bolsillo no puede abarcarlo todo a la vez.

Cuando ya soy capaz de asumir el coste de la reparación, me paso por una tienda a preguntar si efectivamente arreglan consolas, y aunque les explico de forma más o menos detallada cuál es la incidencia, me piden que por favor les lleve mi 3DS y que me darán un presupuesto para la reparación en tres o cuatro días laborables. Así que se la llevo, me cogen los datos y espero los días que me piden. Esto fue el 23 de abril, jueves.

Sin contar el día en el que dejé mi consola, en teoría debería haber recibido mi presupuesto, como muy tarde, el 28 de abril. Eso teniendo en cuenta que había un domingo de por medio y, obviamente, ese día la tienda no abría. Como dijeron de hacerme una llamada telefónica para comunicarme el presupuesto y nadie me había llamado en ese lapso de tiempo, al día siguiente de terminar el plazo voy a la tienda a quejarme.

Aparte de encontrarme a dos empleados fumando fuera, me atienden en la calle y no hacen un mísero esfuerzo por entender mi cutrefrancés. Y, para colmo, cuando hablé con ellos en inglés no me comprendieron, pues me dijeron que no tenían ninguna 3DS (¡Mentira! ¿Y la mía qué?). Así que tengo que optar por un plan B: comunicarme por escrito gracias al traductor de Google. Tal como suena.

Al cabo de un par de horas vuelvo a la tienda con una nota redactada de forma más o menos comprensible explicando mi situación. El chico me pidió disculpas y me comentó que la persona encargada de hacer ese tipo de reparaciones no había ido a la tienda, y que en cuanto lo hiciera me llamarían por teléfono y me darían el presupuesto para hacer la reparación. Inicialmente, me dijo que me llamarían el viernes 1 de mayo, pero tuve que recordarle amablemente que era festivo, por lo que la fecha acordada fue el 4 de mayo.

¿Qué pasó? Que nadie se molestó en llamarme nuevamente. Y el problema no era de mi teléfono, pues el fin de semana recibí una llamada para un trabajo sin problemas. Y yo ya estaba harta de tanto toreo. Porque un retraso o un despiste lo puede tener cualquiera. Pero lo mío empezaba a ser un chiste de muy mal gusto. Y más teniendo en cuenta que en Francia todo lo relacionado con la atención al cliente se toma muy, pero que muy en serio.

Así que ayer tuve que volver a la tienda con otra nota (esta vez redactada por mi viejo compañero de piso) para pedirles que, por favor, me devolvieran mi consola, ya que si no eran capaces ni de respetar sus propios plazos, yo no podía confiar en ellos como clienta. Al menos se disculparon. Pero el toreo me ha sentado tan mal que hasta les he dejado una preciosa y fundamentada review en su página de Facebook. Qué menos.

Ahora es cuando viene la parte más alucinante de todo el tema. Viendo que en la primera tienda que elegí no fueron capaces ni de darme el mísero presupuesto en las casi dos semanas que tuvieron mi consola en su poder, busqué si había más tiendas que hicieran reparaciones de este tipo. Encontré dos, y bastante cercanas a donde vivo, así que fui a preguntar. Total, ya no tenía nada más que perder.

Pues bien, de esas dos tiendas, parece que una ya no está en el negocio, pues la capa de polvo que tienen los cristales del escaparate delata que ahí hace tiempo que nadie hace nada. Eso por no hablar de que el interior se veía vacío. Y, en la otra, directamente no reparan mi tipo de consola. Eso sí, las cajas de las Wii U y ciertas chuminadas promocionales de Nintendo no podían faltar. Pero eh, no arreglemos 3DS, ayudemos a la obsolescencia programada y forcemos la venta de consolas /sarcasmo.

Y aquí estoy, a 6 de mayo y con mi 3DS sin arreglar. Y con un mono de jugar a Pokémon que no sé cómo narices lo aguanto. Touhou de momento lo cubre bien. El problema es que quiero disfrutar del que es mi último mes con todo el tiempo libre que quiera haciendo lo que quiero, ya que cuando trabaje, quitando los fines de semana, no es que me vaya a sobrar el tiempo libre.

Me parece alucinante que en una ciudad de 130.000 habitantes, me cueste tantísimo encontrar establecimientos que se dediquen a la reparación de consolas. Y que, para una tienda que parece fiable, me hayan brindado una atención al cliente tan desastrosa que una valoración de una estrella me parece hasta piadosa.

Y es que, como podéis ver en la foto, es una cosa que se puede ver a simple vista. No hace falta ni abrir la consola para saber lo que le pasa. Mi 3DS necesita un cambio del conector de carga, una reparación bastante rápida como he podido comprobar en algunos vídeos. De hecho, si tuviera las herramientas y los conocimientos para hacerla yo misma, la haría. Pero claro, soldar no es moco de pavo, porque como toques algo que no debes puedes romper la consola. Tal como lo digo.

A este paso, me va a dar igual que la consola tenga cierto valor sentimental o el hecho de que tengo datos asociados a ella, como el Banco Pokémon, ciertas demos con usos ilimitados o videojuegos que obtuve gratis de forma promocional, porque si no puedo arreglarla, ¿para qué la quiero?

O siempre puedo optar por la modificación de batería por una que no necesita que el puerto de carga de la consola esté operativo. O hacer alguna compra-venta un tanto extraña y hacer un plan renove. La 2DS transparente roja me mira con ojitos. O una New 3DS negra con las carcasas de la Monado. No lo digo claro porque se acerque mi cumpleaños y si cuela, cuela. ¡Qué va!

De hecho, hay una 2DS azul transparente con su caja mirándome con ojitos desde el mes pasado en la tienda de segunda mano. También un Final Fantasy VII, pero como que es en francés y solo por la caja se ve estropeado. Aparte: que no tengo PSX. Para eso, mejor no.

Si alguien ha leído esto hasta el final: gracias. De verdad, es muy frustrante todo esto. Estoy segura de que si te pasara lo mismo que a mí estarías muy enfadado. Yo es que necesitaba canalizar mi enfado en palabras. No por ser una bruja y dar mala publicidad a la tienda, aunque se lo merezcan y con razones. Es que todo esto es de chiste.

p.d. Mi antiguo compañero de piso fue quien me animó a hacer la reparación, pues yo por una cuestión de comodidad y economía, prefería hacer lo de la sustitución de batería. Pero claro, teniendo en cuenta que eso realmente es una modificación de consola, pues le escuché y también opté por la reparación. "Son unos profesionales", me dijo. "No te preocupes, que arreglarán bien tu consola", me dijo. Creo que si él hubiera sabido que me iba a pasar todo este mamoneo, quizá no me hubiera hecho cambiar de opinión.

p.p.d. En septiembre vi una 2DS negra en perfecto estado a 60 euros. Estamos en mayo y me arrepiento seriamente de no haberla comprado. Estoy tentada de ir a esa tienda de segunda mano otra vez solo para tentar mi suerte. Aunque me quede un poco lejos. Si cuela, cuela.

23 de abril de 2015

17 de abril de 2015

Capítulo 23 - El diseño también importa

Sé que por el título de esta entrada quizá os sintáis un poco perdidos y hasta os preguntéis si, efectivamente, la persona que está escribiendo estas líneas es quien se hace llamar Tangoth. A simple vista, esto no tiene nada que ver con escribir, pero a medida que vayáis leyendo comprenderéis mi propósito.

Ayer estaba un poco aburrida y falta de ideas, así que me puse a curiosear blogs ajenos de personas que también escriben, a ver si así se me encendía la bombilla y escribía algo nuevo. Lo que fuera.

Parece que funcionó, pues estoy escribiendo esto. Lo malo es que esta entrada nace de fijarme en pecados ajenos. Soy consciente de que yo no soy la mejor diseñando cosas. De hecho, normalmente soy demasiado sobria o me voy al otro extremo y lo sobrecargo. Pero al menos tengo claras unas pequeñas pautas sobre el diseño de mi blog respecto a mi propósito final.
  • Escribo. Por lo tanto, mi propósito final es que los visitantes se queden a leer. Por eso, huyo de adornos visuales demasiado llamativos y de fondos que puedan suponer un obstáculo o una distracción a la lectura. Está bien querer tener un blog bonito, pero hay que saber encontrar el punto entre belleza y utilidad.
  • Creo mi marca a través de mi forma de hacer las cosas. ¿O acaso os creíais que la presencia de Skitty en este blog era gratuita? ¡JA! De hecho, para este blog he tomado a esa gatita y el color rojo como mis señas de identidad. Y no pienso cambiarlas. Puedo hacer variaciones, como cambiar el fondo o modificar el tono de rojo por posibles molestias en la lectura. Pero el resto permanecerá inmutable, pues crear nuevamente una marca desde cero es algo que no considero una buena idea. Sobre todo sabiendo que ciertas personas ya me asocian de forma automática al citado pokémon. Sería un desperdicio.
  • ¿Música? No, gracias. Hay muchos blogs en los que, al entrar, una canción nos recibe en autoplay. Algunas veces es meramente ambiental. Pero en la inmensa mayoría de ocasiones el efecto que tiene este recurso es que busquemos el botón de Stop. Eso en el mejor de los casos, pues casi siempre se opta por abandonar el blog. Por eso es mejor evitar poner música. Primero porque tu gusto musical puede no coincidir con el de tus lectores; y segundo porque así, si ellos quieren escuchar alguna canción mientras leen, pueden elegirla con total libertad. Y lo más importante: evitas sustos innecesarios que ahuyentarán para siempre a muchos lectores potenciales.
  • Y, sobre todo, cuido lo que escribo. Me ha pasado en alguna que otra ocasión que he dejado de seguir un blog por el simple hecho de que el contenido no estaba lo suficientemente cuidado. No me refiero solo a faltas de ortografía, sino a fallos de todo tipo. En mi opinión, es mejor escribir con poca frecuencia, pero haciéndolo de forma cuidada, que publicar mucho contenido pero que siempre tenga fallos de redacción, estructura o diseño.
Y así es como hago yo las cosas. Entiendo que no todos estaremos de acuerdo en las mismas cosas, pero esta checklist suele dar buenos resultados. Obviamente, no sirve en todos los blogs, pues lo he orientado a blogs literarios y de escritores. Pero al menos es un buen punto de partida para aquellos que quieran iniciar esta aventura o corregir posibles errores.

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